La borrega asesina
La historia de Inés la borreguita es muy triste. Y su triste final es solo el reflejo de la vida dura que soportó.
Debemos reconocer que la borreguita no era mala, nunca fue su intencón parecer diabólica y que la necesidad, la maldita necesidad la convirtió en una asesina.
Esta, es su historia.
El origen
No olvidemos el origen de la borrega, que Artincio le pidió a su abuela una mascota, un borrego. Una respuesta rápida y simpática, muy propia de ese inteligente niño. A nadie se le ocurrió pensar en que su abuelita le cumpliría su deseo.
Y cuando vimos a la borrega no lo pudimos creer. Y nadie pensó en lo que un borrego (o borrega, lo descubrimos ese mismo día) puede necesitar. Pensamos que en el jardín habría suficiente pasto para el animal y que con eso sería suficiente.
Lo primero que hizo que volteara a ver al animal fueron las palabras de un jardinero, que me dijo que la borrega “se sentía sola”. Después fue ver como empezaba a comerse la hiedra, el durazno, la manzana, los rosales, las sábilas; pero no el bambú.
La comida
Luego, fue el alimento. Nos enteramos que las borregas, como Inés, comen alfalfa achicalada, asi como lo leen: a-chi-ca-la-da, por supuesto no tenemos idea lo que es eso; también necesitan una piedra de sal. No me pregunten por qué, pero asi es.
Ante requisitos tan exigentes, nuestra alarma creció enormemente cuando vimos los extraños hábitos del animal: se enamoró del vocho y lo topaba toda la noche, se metía a la casa a orinarse, se acabó la hiedra de toda la barda, acabo completamente con la sábila, etc., eso nos hizo pensar en una cosa: la borrega tenía hambre.
El perro
Para aumentarle problemas existenciales el perro se enamoró de ella. Y vaya que fue un problema, por el espectáculo grotesto que representaba su amor prohibido. Y el perro si que es exigente y se traía cortita a la borrega. Claro, como todas las parejas podían pasar tranquilos un buen rato, pero si se le ocurría al negro (ese es el perro), le ponía unas corretizas que dejaban exahusta a la borrega.
El hambre
La hiedra se acabó. Las hojas de los árboles desaparecieron. Su hambre era insaciable y ya no había mas comida. Cada día era mas doloroso que el anterior. Un día, en la que el hambre la castigaba vio comida mas allá de la puerta prohibida. Y decidó arriesgarse. Con sorpresa, con júbilo comprobó que había llegado allá, al lugar que solo podía imaginarse. Y justo cuando empezaba a creer en su buenaventura, ellos la obligaron a entrar a su prisión, a regresar al hambre, a regresar al dolor. Pero había salido una vez, había cruzado la puerta prohibida y lo volvería hacer. Lo intetaría en cada oportunidad. Cada vez era mas difícil, cada vez ellos la esperaban. Pero el hambre la obligaba y sería capaz de cualquier cosa con tal de callar su voz, de saciar el hambre.
La maldad
La verdad yo ya me había dado cuenta que la borrega agarraba a topes a los tanques de gas. Era molesto, por el ruido; pero nunca se me ocurrió pensar que era peligroso. Igual que los golpes que le daba al vocho, era algo con lo que teníamos que vivir.
Pero ese día llegué y me dieron una noticia que me dejó shockeado: la borrega había topado los tanques de gas hasta tirarlos. Las conexiones de cobre no resistieron y se rompieron, al igual que el niple (también de cobre) dentro del tanque.
El tanque estaba lleno y el gas a presión lo que provoco una tremenda fuga que hizo que toda la manzana se diera cuenta de la fuga. Como ocurrió en la cochera y la salida de gas fue tan rápida, el accidente no paso a mayores. Los responsables de la borrega pagaron un tanque nuevo y todo quedó en el susto.
La salida
Ya se llevaron a la borrega, no la van a matar. La van a usar de pie de cría. Ahora, esta en un lugar mejor.
Que bueno por ella.

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