El duende de los calcetines
Me di cuenta mucho después. Días después.
Ya había terminado, tenía todas esas cosas amontonadas sobre mi cama, y decidí dejarlas ahí. Luego, a la hora de usarlos, empecé a notar, no sus ausencias, no, eso no. Más bien noté que me costaba mas trabajo, me tomaba mas tiempo encontrar lo que buscaba.
Luego, me caí en cuenta, primero con sorpresa, después con preocupación, al final con miedo, desesperación, con terror, de las desapariciones.
La primera vez, estaba mas dormido que despierto para darme cuenta de inmediato. Tomé un calcetín de un color y otro de un color distinto, aunque muy parecido. Era ya medio día, con el sol en el cenit que pude apreciar las diferencias. Claro que al principio culpé a mi cada vez mas disminuida capacidad visual. Pero lo extraño es que pronto me di cuenta que los calcetines que quedaban no tenían su par correspondiente.
Hice un experimento: los amarré. Y lave mi tanda de calcetines. Y volvió a pasar. De manera por demás inexplicable, los calcetines se desanudaron, y otros volvieron a desaparecer.
Así, cada vez que lavaba calcetines, por lo menos uno cada vez desaparecía. En los días peores llegué a perder cuatro. Pero nunca se iban los pares, quien fuera que se los llevara, procuraba causar el mayor daño.
Una vez incluso, estuve vigilando la lavadora durante todo el ciclo de lavado. Y claro, que siempre se aprovecharon de la espuma que hacía el jabón para ocultar su crimen. Nunca vi nada.
No sirve de nada que mi familia diga que mis calcetines están en el filtro de pelusa de la lavadora. No me importa que me digan que cambie mi electrodoméstico. No descansaré hasta atraparlo. Al duende de los calcetines.



