Aguas
A finales del mes pasado, dejaron una peque�a nota en la puerta. Era del H. Ayuntamiento y dec�a que durante 11 (once largos) d�as, se suspender�a el servicio de agua potable en ciertas calles de la ciudad.
Nos dimos entonces a la tarea de recolectar en todos los recipientes posibles el agua que necesitar�amos. Asi, llenamos cubetas, botes, palanganas, garrafones, piletas y cualquier cosa que pudiera contener el vital liquido.
Ocurrieron entonces una serie de sucesos extra�os. El primero: una fuga en las tuber�as del ba�o azul. Empez� como un peque�o chorrito, que fue creciendo en intensidad hasta alcanzar dimensiones de desastre ecol�gico.
Debo confesarlo, mi incapacidad inicial para responder de manera inmediata a este problema, provoc� una excesiva presi�n psicol�gica en Lupecina y como consecuencia una de sus crisis.
Antes continuar, debo aclarar algo con respecto a Lupecina y sus crisis. Resulta que cuando era ni�a, fue expuesta de manera accidental y totalmente fortuita a una intensa fuente de energ�a conocida ahora como Rayos ? (Gama). Esto provoc� una serie de cambios en su ADN y ahora cuando est� bajo una gran presi�n sufre una serie de transformaciones inmediatas que la hacen un peligro para ella y para los dem�s. Se que est�n pensando que ya han escuchado este argumento antes, pero creanme, con Lupecina, la realidad supera a la ficci�n.
El caso es que sub� a la azotea, al mas puro estilo de Ethan Hunt y cerr� las llaves de paso de agua. Espere un tiempo prudente a que terminara de salir el agua almacenada en las tuber�as; esper� m�s a�n a que se secara el �rea donde se encontraba la fuga; sell�con plastilina ep�xica la fuga; nuevamente sub� a la azotea y restablec� el agua. No fui merecedor de ning�n comentario de Lupecina.
El segundo suceso extra�o ocurre en la pileta. Que no pudimos sellar con nada, incluso empleamos un pedazo de madera cubierto de bolsas de pl�stico para formar un tap�n. Y sin embargo, cada vez que llenabamos la pileta, se vaciaba, a veces poco a poco, a veces con sorprendente velocidad.
La llave tiene una peque�a fuga, que decidimos ignorar; y ya que nuestros esfuerzos por llenar la pileta resultaron infructuosos, decidimos igualmente no usar la pileta.
Ahora sin embargo, la pileta est� llena. Desbordada.
El �ltimo suceso extra�o, es sin duda, el hecho de que sigue habiendo agua. Nunca se detuvo el servicio; mas a�n, en un d�a que decidimos lavar, el agua traia rastros de poluci�n, pero siempre, siempre hubo agua.
Las preguntas obligadas son las siguientes: �nuestra calle no estaba contemplada? �Limpiaron el pozo sin interrumpir el servicio? �Nunca limpiaron nada?
Tal vez, nunca sepamos las respuestas.



