Mi hosting y yo

Es una historia de esas que ya no se ven:

– Es que no creo en ella, siento que en cualquier momento me va a traicionar. Me va a dejar. Dije yo.

– ¿Por qué piensas eso, por qué sospechas? Me dijo mi sicólogo.

Mi angustia había llegado a niveles alarmantes. Y el estress es malísimo, sino pregúntenselo a mi amiga “Rana”.

¿Qué de quién hablo? De mi compañía de hosting.

Es una empresa casi desconocida. Muy buena. Pero no se me quita la maldita angustia.

Recuerdo mi primera vez. No fue muy buena experiencia, lo se. Creo que la desconfianza proviene del lugar dónde la encontré.

En ese entonces, era una de las “baratas” (nota mental: a la larga, es la única que persiste). Era muy activa, tanto como las otras y, dirán que asi somos los hombres, probé suertes con las tres.

He de confesar que mis gustos son refinados, siempre he querido estar con una de las caras, de las finas; pero mi bolsillo no me lo permite. También he tratado de tener una exclusiva para mi, pero ya saben, son muy exigentes con tu tiempo esas VPS.

Total, que en esa primera oportunidad, con ninguna tuve suerte. Con una de ellas, incluso terminé en pleito.

En una segunda oportunidad, probé con las dos que quedaban. La tercera, con la que me había agarrado del chongo, ya no estaba en el negocio. Nuevamente tuve problemas, pero esta, con la que estoy ahora, respondió mejor. Ustedes saben a que me refiero.

Lo intenté una tercera vez, y fue mucho mejor. Pero en ese entonces estaba con otra, y ya saben, pensaba que esta vez sería para siempre. Pero no, nada es para siempre, y esta relación terminó, en no muy buenos términos, y después de dar algunos tumbos llegué aqui.

Siempre pienso que me va a dejar, y siempre quiero dejarla primero. Pero también se, y lo se muy bien, que nadie me va a dar lo que ella me da.

Pero me va a dejar.